Cartas al pie es un intercambio epistolar entre Federico van Mameren y Guillermo Monti. Dos periodistas que llevan años discutiendo de fútbol, periodismo y de todo aquello que aparece cuando rueda una pelota. Durante este Mundial decidieron hacerlo por carta. Nosotros solo abrimos el sobre.

Fede querido:

Tu carta me removió un montón de cosas. De repente tomé conciencia de que es el ¡noveno Mundial! que me toca vivir en LA GACETA. Un montón. Y creo que el verbo es de lo más apropiado. “Vivir”. Es así, los Mundiales no se “miran”, más bien se disfrutan o se sufren. Y me acordaba del primero de todos en esta lista, justamente el de Estados Unidos, allá por 1994. Hablando de padecimientos y de las piernas que le mutilaron a Diego, lo que vivíamos en la Redacción a medida que llegaban las noticias “por cable” era una película de terror.

Nunca me olvido de un cuento de Hernán Casciari. Hablaba de la relación con su papá y explicaba que la medía “en Mundiales”. Era un rito que se repetía cada cuatro años, eso de sentarse juntos a ver los partidos. Para Casciari, significaba el único momento en el que realmente conseguía conectarse con un padre lejano y misterioso, un tiempo suspendido en el que -por fin- hablaban un idioma común. Me pasaba con mi papá cuando me llevaba a ver boxeo en Villa Luján.

Cartas al pie: Bilardo, Menotti y el detalle que cambió para siempre el fútbol

Esto viene a cuento de lo que significan los Mundiales, ¿no? Va mucho más allá del fútbol y me tocó comprobarlo cuando cubrí para LA GACETA los de Brasil, Rusia y Qatar (a propósito, ¡que ganas de estar con Bruno y con Matías siguiendo a la “Scaloneta”!). Siento que podemos olvidarnos de muchísimas cosas, pero jamás de esos momentos que nos aceleraron el corazón. Pienso en el gol de Cani a Brasil, en los penales benditos contra Inglaterra y malditos contra Alemania, en los madrugones amargos por culpa de Bielsa y en todos y cada uno de los movimientos de Diego. Puedo recordar dónde y con quién veía esos partidos, pero no de lo que desayuné ayer.

Bueno, hay cosas de este Mundial que te están gustando. Te confieso que yo le desconfío. Me parecen un horror las pausas de hidratación y todo lo que implica el negocio de la ludopatía. No me caen simpáticos ni Infantino ni “Chiqui” Tapia, pero los vemos omnipresentes. No entiendo cómo puede costar 9.000 dólares la entrada para ver un partido. Ese fútbol VIP para los pueden, no para los que quieren, se va tornando lejano. Como una delicatessen.

Por suerte agarra la pelota el extraterrestre y nos lleva a su planeta. Está motivadísimo el 10 y creo que le sobran razones, porque siente que le pisan los talones Mbappé, Cristiano, Vinicius y hasta Haaland. Y minga que les va a regalar la corona. Si Messi, va por todo, ¿cómo no vamos confiar en este última baile al que nos sigue invitando?

Charlaba con un amigo más que sesentón y me decía que Messi es el monstruo de Frankenstein porque está armado con retazos de genialidad: un poco de Pelé, un poco de Diego, un poco de Ronaldo (el brasileño). Mi amigo no vio jugar a Alfredo Di Stéfano y yo no vi a Cruyff, pero coincidimos en sumarle esas partes. ¡Cómo vamos a extrañar a Messi!... si es que algún día se retira. No sé, yo lo imagino jugando hasta los 45 años.

Ah, antes de que me olvide, tengo entendido que esa estructura que flotaba sobre el estadio Azteca en el 86 y que proyectaba la sombra en el césped era un logo gigante de Televisa, atado con cables tensores desde las tribunas. Hay una historia detrás de eso. Acordate de que México tomó la sede de ese Mundial porque la había declinado Colombia. Hacía falta poner mucha plata y uno de los grandes inversores fue Guillermo Cañedo, el dueño de Televisa. Como contrapartida, la FIFA le otorgó a ese canal de TV, el más importante del país, un montón de prerrogativas, Y una de ellas fue nada menos que instalar su logo en el estadio.

En fin, dicen que los Mundiales empiezan en la segunda fase y le encuentro mucho de razón a ese razonamiento. Ahí aparecen los verdaderos héroes y villanos de esta historia. ¿Cómo lo ves? ¿Ya tenés un candidato? Al mío te lo revelo más adelante. 

¡Abrazo grande! 

El cartero ya salió. La respuesta de Federico llegará el martes.